
“Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al "crecimiento" del hombre” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real), creo que “las pasiones hacen las veces de orientadores de quienes se dirigen hacia el puerto de la sabiduría” (Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura).
“Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al "crecimiento" del hombre. El amor y la unión a alguien o algo fuera de uno mismo permite trabar relaciones con otros, sentirse uno con otros, sin reducir el sentido de integridad e independencia. El amor es una orientación positiva, para la cual es esencial que se hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de unión” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real).
“Creo que la experiencia del amor es el acto más humano y humanizador que es dado gozar al hombre y, como la razón, carece de sentido si se entiende de manera parcial” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real).
“Creo que podemos y debemos esperar una sociedad cuerda que fomente la capacidad del hombre de amar a sus semejantes, de trabajar y crear, de desarrollar su razón y un sentido real de sí mismo basado en la experiencia de su energía positiva” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real).
“Creo que podemos y debemos esperar la recuperación colectiva de una salud mental caracterizada por la capacidad de amar y crear” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real).
“Acorredme, pues, un momento, hijas de Júpiter, para que demuestre que sin contar con la Estulticia como guía no habrá quien llegue a la excelsa sabiduría ni a la llamada fortaleza de la felicidad. Es manifiesto, primeramente, que todas las pasiones humanas corresponden a la Estulticia, puesto que el sabio se distingue precisamente del estulto en que aquél se gobierna por la razón y éste por las pasiones” (Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura).
“Aunque el estoicísimo Séneca protesta enérgicamente contra esto y libera, por el contrario, al sabio de toda pasión, al hacerlo así no deja en él nada humano, sino más bien a un nuevo dios o a una especie de demiurgo, que ni ha existido hasta ahora, ni existe ni existirá; es más, para decirlo más claro, labró una estatua marmórea de hombre, impasible y ajeno a toda sensación humana” (Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura).
“Todo cuanto lleva el necio en el pecho, lo traduce a la cara y lo expresa de palabra” (Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura).
Un hombre feliz es un hombre sabio. La estulticia es el camino a la sabiduría; un hombre sabio reconoce sus pasiones y vive por ellas, por eso es feliz y por eso es sabio.
La sabiduría de la que habla Erasmo está relacionada con el conocimiento de las ciencias, las artes y la cultura, pero eso no es sabiduría, eso es simplemente conocimiento. Creo que la sabiduría es la capacidad de traducir los pensamientos y sentimientos en palabras y acciones, donde “el hombre asume los valores de auto-respeto, auto-responsabilidad sobre todo lo que siente, piensa y hace; honestidad y desarrollo con los pies bien firmes en la tierra, relacionándose con los demás y con su entorno de forma abierta y madura” (Terapia Sicológica Gestalt).
Las pasiones son el camino hacia la verdadera sabiduría, y entre todas las pasiones el amor es el sentimiento original. "El amor no tiene límites. Es la tendencia que trata de conducir cada cosa hacia la perfección de valor que le es peculiar y la lleva a efecto mientras no se interponga nada que le impida. Es esencial al amor una acción edificante y edificadora sobre el mundo. Dice Goethe que 'quien mira en silencio en torno suyo, ve como edifica el amor'. El amor del hombre es tan sólo una variedad especial de esa fuerza universal que actúa en todo” (Max Scheler).
El hombre sabio es sabio porque reconoce su naturaleza; porque reconoce su condición humana; porque se reconoce como cuerpo, mente y espíritu; porque se reconoce como parte de un todo que a su vez depende de sus partes. El hombre sabio es sabio porque reconoce el poder de sus pensamientos, de sus creencias, de sus palabras y de sus acciones. El hombre sabio es sabio porque conoce su ser; porque reconoce su necesidad de crear y de crecer material y espiritualmente; el hombre sabio es sabio porque reconoce al amor (o su ausencia) como fuente de toda creación. El hombre no se gobierna por la razón o por las pasiones, se gobierna por ambas.
“Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al "crecimiento" del hombre. El amor y la unión a alguien o algo fuera de uno mismo permite trabar relaciones con otros, sentirse uno con otros, sin reducir el sentido de integridad e independencia. El amor es una orientación positiva, para la cual es esencial que se hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de unión” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real).
“Creo que la experiencia del amor es el acto más humano y humanizador que es dado gozar al hombre y, como la razón, carece de sentido si se entiende de manera parcial” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real).
“Creo que podemos y debemos esperar una sociedad cuerda que fomente la capacidad del hombre de amar a sus semejantes, de trabajar y crear, de desarrollar su razón y un sentido real de sí mismo basado en la experiencia de su energía positiva” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real).
“Creo que podemos y debemos esperar la recuperación colectiva de una salud mental caracterizada por la capacidad de amar y crear” (Fromm, Erich. El humanismo como utopía real).
“Acorredme, pues, un momento, hijas de Júpiter, para que demuestre que sin contar con la Estulticia como guía no habrá quien llegue a la excelsa sabiduría ni a la llamada fortaleza de la felicidad. Es manifiesto, primeramente, que todas las pasiones humanas corresponden a la Estulticia, puesto que el sabio se distingue precisamente del estulto en que aquél se gobierna por la razón y éste por las pasiones” (Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura).
“Aunque el estoicísimo Séneca protesta enérgicamente contra esto y libera, por el contrario, al sabio de toda pasión, al hacerlo así no deja en él nada humano, sino más bien a un nuevo dios o a una especie de demiurgo, que ni ha existido hasta ahora, ni existe ni existirá; es más, para decirlo más claro, labró una estatua marmórea de hombre, impasible y ajeno a toda sensación humana” (Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura).
“Todo cuanto lleva el necio en el pecho, lo traduce a la cara y lo expresa de palabra” (Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura).
Un hombre feliz es un hombre sabio. La estulticia es el camino a la sabiduría; un hombre sabio reconoce sus pasiones y vive por ellas, por eso es feliz y por eso es sabio.
La sabiduría de la que habla Erasmo está relacionada con el conocimiento de las ciencias, las artes y la cultura, pero eso no es sabiduría, eso es simplemente conocimiento. Creo que la sabiduría es la capacidad de traducir los pensamientos y sentimientos en palabras y acciones, donde “el hombre asume los valores de auto-respeto, auto-responsabilidad sobre todo lo que siente, piensa y hace; honestidad y desarrollo con los pies bien firmes en la tierra, relacionándose con los demás y con su entorno de forma abierta y madura” (Terapia Sicológica Gestalt).
Las pasiones son el camino hacia la verdadera sabiduría, y entre todas las pasiones el amor es el sentimiento original. "El amor no tiene límites. Es la tendencia que trata de conducir cada cosa hacia la perfección de valor que le es peculiar y la lleva a efecto mientras no se interponga nada que le impida. Es esencial al amor una acción edificante y edificadora sobre el mundo. Dice Goethe que 'quien mira en silencio en torno suyo, ve como edifica el amor'. El amor del hombre es tan sólo una variedad especial de esa fuerza universal que actúa en todo” (Max Scheler).
El hombre sabio es sabio porque reconoce su naturaleza; porque reconoce su condición humana; porque se reconoce como cuerpo, mente y espíritu; porque se reconoce como parte de un todo que a su vez depende de sus partes. El hombre sabio es sabio porque reconoce el poder de sus pensamientos, de sus creencias, de sus palabras y de sus acciones. El hombre sabio es sabio porque conoce su ser; porque reconoce su necesidad de crear y de crecer material y espiritualmente; el hombre sabio es sabio porque reconoce al amor (o su ausencia) como fuente de toda creación. El hombre no se gobierna por la razón o por las pasiones, se gobierna por ambas.
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